Levantar cabeza

El pasado viernes 22 de marzo cayó en mis manos el periódico EL NORTE DE CASTILLA que con grandes titulares resaltaba la noticia de una persona de PALENCIA que había sido exonerada de todas sus deudas, concretamente de 334.331€. Esta noticia me hizo reflexionar sobre el gran desconocimiento que tiene la gente de lo que se llama la “Ley de La Segunda Oportunidad”.

A todos nos cuesta creer que un principio legal que siempre habíamos tenido presente haya sido matizado por esta Ley de La Segunda Oportunidad. Este principio es el de que uno responde de sus deudas con todos sus bienes presentes o futuros, o dicho en otras palabras, “hasta que no pagues lo que debes no podrás levantar cabeza”.

La entrada en vigor de la Ley 25/2015, de 28 de julio, de mecanismo de segunda oportunidad, reducción de la carga financiera y otras medidas de orden social, permite a las personas que por circunstancias de la vida han tenido un fracaso económico personal o en sus negocios, el poder encarrilar su vida y comenzar «de cero», sin el lastre que supone la deuda, que se sabe no podrá nunca pagar.

El alcance de ello es de tal calado y supone un cambio tan grande respecto a lo que estábamos acostumbrados, que no es de extrañar que hasta los medios de comunicación se asombren de sus consecuencias: – ¡A un ciudadano se le han perdonado sus deudas! – proclama con estupor el periódico al que antes me refería. Pues bien, hay que saber que hoy eso ocurre de manera habitual. No es en modo alguno un hecho excepcional que merezca la portada de un periódico. Las razones de la aprobación de esa ley se refieren esencialmente a las consecuencias económicas que la reciente crisis tuvo sobre ciudadanos y emprendedores autónomos, sobre las deudas que acumularon y cómo estas deudas pesan como una losa, no solo sobre su vida cotidiana, sino también sobre su capacidad de emprender de nuevo, y por consiguiente, de generar riqueza para ellos y para el conjunto de la sociedad. Pero también, y al lado de esta motivación de carácter económico y social, hay una motivación de carácter ético y humanista. La exposición de Motivos de La Ley de Segunda Oportunidad dice expresamente:

“En este ámbito se enmarca de manera muy especial la llamada legislación sobre segunda oportunidad. Su objetivo no es otro que permitir lo que tan expresivamente describe su denominación: el que una persona física, a pesar de un fracaso económico empresarial o personal, tenga la posibilidad de encarrilar nuevamente su vida e incluso de arriesgarse a nuevas iniciativas, sin tener que arrastrar indefinidamente una losa de deuda que nunca podrá satisfacer.”

“Además, muchas situaciones de insolvencia son debidas a factores que escapan del control del deudor de buena fe, planteándose entonces el fundamento ético de que el ordenamiento jurídico no ofrezca salidas razonables a este tipo de deudores que, por una alteración totalmente sobrevenida e imprevista de sus circunstancias, no pueden cumplir los compromisos contraídos.”

Estas son pues, expuestas de manera concisa y resumida, las razones que condujeron a los poderes públicos a promulgar una legislación que otorga importantísimos beneficios a personas que se encuentran en un momento difícil a causa de las deudas acumuladas. Pero estos beneficios no pueden otorgarse indiscriminadamente, ya que la seguridad jurídica y los derechos de los acreedores, deben ser igualmente tenidos en cuenta. Es por ello que el deudor que desea acogerse a los beneficios previstos en esta legislación debe cumplir determinadas condiciones siendo quizás la más importante la de ser un deudor de buena fe.

Próximamente analizaremos en detalle cuáles son esas condiciones a las que se refiere La Ley.

Ana Rossell Garau

Abogada Mediadora Concursal del Estado

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